Inventario del primer mes
El Cairo, la inmensa capital de Egipto…Un buen lugar para quien, como yo, tiene curiosidad y pretende saber más del complejo puzzle que significa el mundo árabe. Durante los últimos catorce años, he establecido una estrecha relación con los refugiados saharauis que reivindican la autodeterminación de la antigua colonia española, invadida hace 34 años por Marruecos.
Desde hace algún tiempo, sospecho que mi decisión última de dedicarme al periodismo se la debo a ese encuentro fortuito, que me hizo reconocerme en las esperanzas de otros, compartir intereses y me llevó a coordinar las labores de comunicación de una asociación de amistad con este pueblo cuando tenía apenas trece años. El Cairo es, pues, una oportunidad única de adentrarme en la realidad social, cultural y política no solo de Egipto sino de todos los países vecinos, en una coyuntura en la que su interlocución es fundamental para acabar con el conflicto árabe-israelí y hacer frente a los desafíos que plantea el yihadismo.
Para mí, la ciudad del Nilo es, por historia remota y cercana, un lugar cargado de simbolismo político y espiritual, que tiene mucho que decir en el remedio a las heridas de nuestro mundo.
Hasta aquí las intenciones, expresadas hace medio año en una carta de argumentación con pretensiones de ser fría y calculadora pero que terminó siendo un collage de experiencias personales y aspiraciones racionales. Y a partir de aquí, el inventario de los primeros 30 días en Al Qahira. Una primera impresión: La de perplejidad cuando la realidad desborda lo imaginado. Olores y sabores: el de la seesha, el del tabaco que fuma Abdu, el del café árabe, el del olor a cloro del agua, el del shawarma que llega a mediodía vía “delivery” a la oficina, el de la kofta, la fetara, los mashi o los kebab… Palabras sueltas: Insha alla (si Alá quiere) dicha para ahuyentar al extranjero que lo quiere todo aquí y ahora, el Alhandulinla (Gracias a Alá) o las preguntas del principiante (¿kan?, ¿Cuánto?; ¿emta?, ¿Cuándo?), tan útiles para sortear y salir airoso del regateo con los taxistas. Gestos: Las sonrisas que calientan la llegada y que se ríen (nos reímos) de la torpeza del recién aterrizado, las manos que echan una mano para que uno termine sintiéndose como en casa. Incertidumbres y preguntas: ¿Seré capaz de vivir aquí? ¿Tendré fuerzas?… que dejan paso a certezas y afirmaciones: Quiero vivir aquí, puedo hacerlo… Encuentros: miradas que recorren las calles y se detienen en cada detalle, en los policías que duermen a las puertas de una embajada, en los porteros de los edificios que esperan a que pase el tiempo sentados en la silla de siempre, en las mujeres ocultas tras un niqab y en las que dan la cara… Sonidos: el de los cláxones, el de las radios de los taxistas, el de la llamada a la oración o los versos del Corán que recita los viernes mi portero, la música de jazz una noche cualquiera en un pub cerca del Nilo, la canción de un niño en la calle… El tacto del polvo, la mugre, la neblina, de la arena del desierto, de las sabanas de algodón egipcio, de los rincones del nuevo hogar, del agua de Suez o de las gotas de lluvia. La lista de destinos pendientes: las pirámides, Alejandría, Luxor, Sinaí, cada lugar de esta ciudad mágica; y más lejos, tal vez Beirut, Jerusalén, Estambul… ¿Quién da más? El skype salta cada noche miles de kilómetros de distancia y estoy allí, en España, en Praga, en Londres, en Latinoamérica, donde quiera que sea que haya una conversación. No hay nostalgia posible cuando se sabe que 30 días son solo el preludio del viaje. Y, entre tanto, una pregunta: ¿Cómo les habrá ido al resto este primer mes?.
¿Serán todas las ciudades la misma ciudad?
Palabras, sabores, skype, planes, miedos.
Vete a saber…
Que todo siga así de bien, inshallah!! Un abrazo.
Pues con problemas para aguantar la emoción cuando te leo, Fran. Con problemas por excedente de felicidad y de sonrisas. No sabiendo cómo manejar el torrente de experiencias y las alegrías. Es complicado sentir que no te quieres ir de un lugar en el que te sabes de paso…O no.
Intuía que las vidas en nuestras respectivas ciudades se parecían… pero después de leer polvo, regateo, destinos pendientes, torpeza del recién llegado, primeras palabras de vocabulario, niños cantando, delivery… estoy convencida de que estamos en una experiencia parecida