Un abuelo entre cairotas
En marzo hizo dos años desde que se marchara. No llego a entender el mecanismo ni el material del que están hechos los recuerdos y la memoria, pero hace unos días entre el gentío caminando por mercados de hortalizas frescas y tenderetes, volví a ver a mi abuelo comprando (o mercando, como el decía) algo de lechuga, carne o pescado. Y esperé a que llegara hasta mí para poder darle besos y contarle como me va, lo que me ha pasado en estos meses de ausencia. ¡No vamos a poderlos ver colocados!, le decía siempre a mi abuela refiriéndose a mis hermanos y a mi, sus únicos nietos.
Dos años después de su muerte, a veces espero su llamada y sus consejos de emigrante. Un hilo telefónico de Granada a El Cairo. Y vuelvo a oír su respiración al otro lado y el inicio de una frase que nunca termina de pronunciar porque era -como soy yo- de emociones rápidas y lágrima fácil.
P.D.: Lamento estos meses sin publicar. Necesitaba encontrarme con la ciudad. Ya estoy de vuelta

Un post muy bonito, muy emotivo. Me alegro de que estés de vuelta. Un besazo Fran.
acabamos de llegar a casa, y tus noticias como siempren nos emocionan. un beso muy grande por tu sensibilidad
Lo descubrí tarde. Hasta hoy no sabía que habías vuelto a publicar. Soy de la familia y también de lágrima fácil. Gracias por esas emociones que nos llegan y nos hacen estar un poquito mas cerca de tí bssss….