Café Cairo

Cuando tengas que elegir entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca

18 septiembre
1Comentario

Cacerolas de la infancia

A unos 4.000 kilómetros de El Cairo hay un niño que cumplió hace unas semanas su segundo año de vida. El chico tiene unos ojos grandes y atentos, un cuerpo delgado y huidizo y es un coleccionista de ollas, cacerolas y sartenes. En busca de su regalo, recorremos los callejones de Ataba y nos perdemos entre baterías de cocina, vasos de cristal y cuberterías “made in China”. Buscamos una cacerola de aluminio, la más pequeña de la familia de ollas que esperan comprador apiladas en las puertas de los comercios. Las proporciones están claras: No puede ser grande pero tampoco demasiado pequeña porque, en ese caso, el destinatario del obsequio podría confundirla con una de juguete y rechazarla. Él busca experiencias reales.

Una olla puede ser un juguete o un medio de vida. Un herramienta de trabajo imprescindible para las mujeres que venden queso feta en cacerolas de aluminio o para los hombres que durante el Ramadán preparan desde temprano molokeya o fatta y lo dejan hacer a fuego lento durante todo el día hasta el “iftar”, la comida con la que se rompe el ayuno diario del mes sagrado musulmán.

El periodista polaco Ryszard Kapuściński descubrió el poder callado de una cacerola de aluminio en Lagos (Nigeria). Una noche, una mujer del callejón al que daba una de las ventanas de la casa del reportero descubre que le han robado el más preciado de sus enseres. “La mujer, enloquecida y desesperada, corría en círculos: unos ladrones le habían robado la olla: había perdido su único medio de vida”, escribe Kapuściński.

A unos 4.000 kilómetros, un pequeño de dos años ha empezado a comprender el mundo a través de una olla de aluminio adquirida por dos euros en un mercado cairota. Un día le contaré la historia de una de las cacerolas de su infancia.

  • Share/Bookmark
 

One Response to “Cacerolas de la infancia”

  1. Ana Mª dice:

    “Tal vez una Infancia es más larga que una vida” Escribe y sentencia la escritora. ¡qué seguridad nos da ver la dedicación a nuestros hijos ! Pensándolos y acompañándolos en la EXPERIENCIA del descubrimiento – sin prejuicios – de un espacio y un tiempo único.¡Que no nos roben la Infancia!

Haz tu comentario

Por favor incluye tus datos y tu comentario abajo.
Name
Email
Website
Tu comentario