En el barrio de los coptos
No hay más remedio que ser cristiano. Y así, al menos, redimir la sorpresa y las pesadillas de quienes me preguntan y se preocupan por mi fe. Días después de mi primer encuentro, me cruzo con otro taxista copto. Lo se sin mediar palabra desde que pongo un pie en el vehiculo y veo el contador y la guantera repletas de estampitas de Jesús. “Tu eres español y cristiano”, me dice. Y asiento, metido cada vez más en mi papel de español fiel a las raíces cristianas de mi país. A la historia sangrada de un lugar llamado el valle de los caidos, a la imagen de unos sacerdotes levantado el brazo ante el caudillo en el prologo de la infamia y las fosas, a las heridas de la Santa Inquisición aun abiertas en el desprecio que algunos profesan a la inteligencia y el culto que muestran al dogma… A la España de cerrado y sacristía…
Empeñado, como decía, en hacer de cristiano me echo a la calle y señalo un punto en el mapa: El barrio copto. Y allá que voy, a pasear por cementerios ortodoxos que protegen restos de murallas romanas e iglesias que emergen entre callejuelas y en las que las mujeres rezan reclinadas ante altares con coloridas pinturas de Jesús. De la fortaleza de la antigua Babilonia solo quedan unas cuantas piedras. En las fronteras de aquel imperio miles de turistas caminan un día de febrero con el estruendo de flashes y vendedores de agua, telas, papiros, libros y artesanía gritan tratando de adivinar la lengua de sus clientes: hello, bonjour, hola, buon giorno…
“Soy cristiano en España y musulmán en Al Qahira”, le digo a Abdu, que esboza una media sonrisa. Pero la ecuación ya no sale y no se lo que soy. Mi fe oscila entre el ateismo con el que llegue aquí, la vida de ultratumba de los faraones egipcios que recorren aun con sus embarcaciones el Nilo de las leyendas; los cristianos coptos que hace mucho, mucho tiempo fueron mayoría y acabaron con Hipatia; o los musulmanes chiíes, que profesan una fe menos rígida que sus adversarios suníes y que me despiertan compasión porque siguen cayendo a decenas en Irak.



