Café Cairo

Cuando tengas que elegir entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca

13 diciembre
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Pongamos que me despido de Madrid

Hombre decimos porque olvida, y corazón decimos porque cambia”.  (El Callejón de los milagros, Naguib Mahfuz)

mujerventana

Una ventana. Cuba 2007


Me voy a El Cairo. Y me voy ya. Me lo repito una vez y otra mientras recorro a modo de despedida Madrid y las calles por las que he paseado durante los últimos 15 meses. Anochece y el frío de un sábado de finales de otoño golpea la cara y deshabita los recuerdos que aguardan en cualquier rincón. Ahí está la parada de metro a la que llegué con la maleta y más arriba la ruta a pie a la redacción. Más allá el café que marca un encuentro o las salas de cines donde me emocioné o reí. Y junto a los lugares, los rostros de mis “amigos” del kebab, de la mujer de la panadería, del chino de la tienda de alimentación…

El viaje ya ha empezado. Todas las caras y los lugares conocidos anticipan las miradas y los callejones de El Cairo… ¡Qué paseos junto al Nilo! repite mi profesor de árabe. Y se le enciende la mirada para dejarse llevar por el curso de las palabras: ¡Ya verás lo que es caminar por la ribera del Nilo! !Y los bailes!… La ciudad del Nilo, la victoriosa, es -me cuenta entre recesos- su segundo hogar, aquel lugar al que uno llega cuando sale por primera vez de casa. !Qué suerte!, añade. No tendrás ningún problema, me insiste. Yo sonrío. Lo hago también ahora cuando aún siento ese frío que entra en las articulaciones y anida una temporada en ellas.

Me cuesta decir adiós a Madrid. Igual que me costó despedirme de Sevilla o Leeds y saber que debía poner tierra de por medio. En la cuenta pensan demasiado aquellos que conocí y aquello que viví. Las cosas que nunca me atreví a decir y aquellas otras que dije y que no debí siquiera haber pronunciado. El medio millar de teletipos de Efe, las visitas, las conversaciones o las noches en vela.  Todo cuenta y todo queda.

En el invierno cairota, que -según me dicen- está siendo más fresco de lo habitual, me esperan el bullicio de los mercados, el café turco para turistas,  el humo de los fumaderos de sheesha, la picaresca de los taxistas o la aventura de cruzar una calle… Y aspiro a verlo y contarlo. Quiero confundirme con el paso decidido de los madrugadores y la mirada distraida de quien no se ha cansado de mirar. Y quiero cambiar. Tanto o más como me permitió Madrid o  las ciudades de residencia que la precedieron.

Hasta aquí mi declaración de intenciones. Espero pasar y detenerme en este blog con frecuencia. Para poner palabras simplemente a lo que veo o a lo que siento.  O a lo que pienso sobre el país que me acogerá durante el año próximo o sobre lo que suceda por aquí o más al sur, donde permanecen la familia y la ilusión de un tiempo mejor para construir en él las utopías.

Esta semana me comprometo a dejar algo por escrito cuando me lo permitan las despedidas, el nudo en el estómago y los besos y abrazos.

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