Café Cairo

Cuando tengas que elegir entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca

20 septiembre
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Libertad

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver;
pero habrá que forzarla
para que pueda ser.

Una tierra que ponga libertad Y se fue. Uno más este año. Leo temprano la muerte de José Antonio Labordeta. Cuando la política se ha convertido en un erial que transitan demagogos, cínicos, mediocres y mercenarios a sueldo de los partidos, Labordeta era uno de los últimos políticos decentes. Hablaba alto y claro porque venía de vuelta de todo. No necesitaba su escaño o su afiliación política para hacer carrera.  Su opinión y su ideología no eran rehenes de ninguna sigla y tenía memoria.

Somos como esos viejos árboles que cubren contra el viento la sombra del hogar… Aún recuerdo la emoción con la que esperábamos en casa, entre libros de instituto, sus discursos en el Congreso de los Diputados, a pesar de que la palabra –su voz desnudando el pasado autoritario de algunos conversos- no pudiera detener una invasión trazada por mentiras.

Hoy he paseado por El Cairo en busca de historias. Como la de los dos días sin dormir del hombre que aguarda sentado en la estación a que llegue un autobús que le lleve a casa. O como la del portero que me aprieta la mano, me hace reír y no me deja marchar hasta que no he aceptado su invitación para tomar algo. En el año siete después de la invasión, más cerca de Bagdad de lo que jamás hubiera imaginado en mis tardes de instituto, he despedido a Labordeta.

Ahora que muchos jóvenes nos sentimos huérfanos de representantes, incómodos con las instituciones que nos ignoran y posibles miembros –advierten algunos- de una “generación perdida”, se echará de menos el verbo claro, honesto y libre de Labordeta…

Ustedes están habituados a hablar siempre porque aquí han controlado el poder toda la vida y ahora les fastidia que vengamos aquí a poder hablar las gentes que hemos estado torturados por la dictadura. Eso es lo que les jode a ustedes, coño, y es verdad, joder. A la mierda


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22 mayo
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Español republicano para principiantes

Luxor/Tebas

Entre los puestos de libros de El Cairo viejo encuentro un raro espécimen: un manual de español de tapas rosadas que ofrece un dominio rápido de la lengua de Cervantes. La cubierta muestra el Palacio Real de Madrid, quizás menos emblemático que los edificios elegidos para el resto de idiomas: El Big Ben para el inglés; el Coliseo para el italiano; la Plaza Roja para el ruso; La gran muralla para el chino; Notre-Dame para el francés…

Y como en el resto de ediciones, la bandera del país dispuesta en una de las esquinas identifica el idioma. La tricolor española tiene algo especial: Rojo, amarillo… y morado. ¡Republicana! ¿Una señal de que la III República está cerca? me pregunto.  Sin pensarlo dos veces me hago con un ejemplar y continúo el paseo hojeando un manual con más sorpresas en el interior:

Zapatos enviernales. Un tarro de aseitunas. Estoy acatarrodo. Enflamacion.  Quiero un dentiste. Tango la febre. Tango un colico. Siento la mausea. Estrenimiento. Doctor, siento pesadez en la cabeza. Tengo mal en el estomago. Como esta el tiempo? Barraseoso. Corretaje. Soiedad. Bancarota. Cuelgue. Duelgue. Destinatorio. Telefonada.  Cuento es el cuesto de la palabra? Quiero telefonar a. Camera de comer. Camera de camas. Cobierto. Excusado. Chienea. Refrigerio. Orno. Que preiodios hay aquí? Camarero, que tienen come bebidas? La montaña, la llanura, el Jardin pullico. Le doso un buen viaje. Quiero quardar mis bagajes en el depósito. Le invito a assistir el filme. Yo soy extrajero. Me he perdido al camino. Como se llama calle? Esta contente de su trabajo? Donda asta el comedor? Quiero remanecer una semana. An que hora se cierra el hotel? Cuando desiste el avion? Yo adiziono. Yo sostrago.

Y yo ni “adiziono” ni “sostrago”.  Solo dejo el libro (poco recomendable para los principantes en español) en una estantería del salón, en un lugar más visible que el resto de los volúmenes para ver su bandera al pasar y sonreír… o soñar con que España mañana será republicana.

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15 mayo
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Un abuelo entre cairotas

Tebas/Luxor

En marzo hizo dos años desde que se marchara. No llego a entender el mecanismo ni el material del que están hechos los recuerdos y la memoria, pero hace unos días entre el gentío caminando por mercados de hortalizas frescas y tenderetes,  volví a ver  a mi abuelo comprando (o mercando, como el decía) algo de lechuga, carne o pescado. Y esperé a que llegara hasta mí para poder darle besos y contarle como me va, lo que me ha pasado en estos meses de ausencia. ¡No vamos a poderlos ver colocados!, le decía siempre a mi abuela refiriéndose a mis hermanos y a mi, sus únicos nietos.

Dos años después de su muerte, a veces espero su llamada y sus consejos de emigrante. Un hilo telefónico de Granada a El Cairo. Y vuelvo a oír su respiración al otro lado y el inicio de una frase que nunca termina de pronunciar porque era -como soy yo- de emociones rápidas y lágrima fácil.

P.D.: Lamento estos meses sin publicar. Necesitaba encontrarme con la ciudad. Ya estoy de vuelta

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